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Se acabaron las vacaciones

Cómo Enfrentar el Segundo Semestre

¿Cómo revertir las malas notas? ¿Profesor particular? ¿Preuniversitario intensivo?...

04 AGO

Se acabaron las ansiadas vacaciones, y tras el merecido descanso ahora se viene el terrible segundo semestre, la última oportunidad de “salvar” el año académico o la instancia final para preparar una buena Prueba de Selección Universitaria (PSU).

La presión aumenta y muchos se jugarán el todo por el todo para lograr repuntar. Aparecen, entonces, los profesores particulares y los preuniversitarios intensivos para los que aspiran ingresar a una buena universidad. Estudiar, estudiar y estudiar parece ser la consigna. Pero ¿son estas medidas efectivas?

Niños a Estudiar

En nuestro país la normativa es clara: con dos asignaturas con promedios de notas inferior a 4,0 y un promedio general que no alcanza el 5,0 se repite. Al igual que con una asistencia final menor al 85%. Ambos son indicadores que los niños en estas situaciones no poseen los conocimientos suficientes como para avanzar de curso.

¿Qué deben hacer entonces los padres? La opción de un profesor particular para reforzar las materias deficientes las veces que sea necesario es una de las alternativas más populares, pero ¿quiere decir esto que es la más efectiva?

La psicopedagoga del Centro de Aprendizaje Fun Work, Paula Urrutia, asegura que “cuando a un niño le va mal empieza a sufrir su autoestima y ocurre la desmotivación por el colegio. Esa semilla se empieza a sembrar incluso, cuando son chiquititos. Y sucede que en muchos casos los padres toman profesores particulares y realmente sirven, pero no para todos porque lo importante es pesquisar el trasfondo de la dificultad. En definitiva, esa medida es como apagar incendios pero no se está atacando el trasfondo: si es motivacional, si hay problemas de autoestima o si el conflicto es con el profesor. Hay muchas razones por las que un niño puede fracasar y las notas son manifestaciones de muchas cosas”.

Para la experta es fundamental que los padres puedan detectar las causas del mal desempeño antes de pensar en la mejor manera de superar un rendimiento deficiente, pues al detectar el origen real del asunto se puede trabajar de una manera personalizada que permita una mejora que se mantenga en el tiempo.

Si pese a intentar, no logra saber porqué su hijo no puede con las Matemáticas o le cuesta Lenguaje y Comunicación, lo mejor es recurrir a un especialista para determinar con certeza cuál es el mejor método para mejorar las calificaciones.

El psicólogo clínico, David Adasme, explica que un mal rendimiento puede traer serias consecuencias a la autoestima del niño. “Lo primero es que en ello se genera una percepción negativa de sí mismo. Lo segundo es la creación de significados aversivos en torno a la escolaridad y/o alguna asignatura específica”.

El especialista asegura que “el niño tras el fracaso escolar, más que sacar conclusiones de que es malo, por ejemplo, para las matemáticas o que le cuestan etc., tiene la vivencia de ser poco hábil, la experiencia de que estudiar es fome, que es una obligación, que la mamá se enoja con él. Y contratar un profesor particular cuando no se ha seguido un proceso psicopedagógico, puede generar un discurso con carga negativa en todo lo relacionado con la asignatura, a los estudios y la percepción que tiene de él como estudiante sigue la misma línea. Ahí se comienza a actuar este discurso de modo circular, es decir, se rigidiza la aversión al ramo y la percepción de incompetencia”.

Para el psicólogo, esto queda demostrado en que el pequeño “genera una predisposición negativa. Por ejemplo, él sabe que determinado día tiene reforzamiento y anticipa que lo van a retar, o que en el colegio lo van a obligar a salir a la pizarra y que no va a poder, lo que le da rabia y vergüenza. Por lo tanto se genera una percepción negativa del contexto y de sí mismo en el contexto. Todo esto, finalmente, se puede traducir en trastornos de conducta, especialmente en los adolescentes”.

Los especialistas concuerdan en que las malas notas son el reflejo de un problema mayor que ha comenzado mucho tiempo antes y puede ocurrir porque “está fallando el razonamiento, la comprensión, problema de autoestima, muchas veces los niños se sienten incómodo con los profesores. Hay un montón de razones”, puntualiza Urrutia.

La psicopedagoga de la Universidad Andrés Bello, María Teresa Lobos, explica que “hay distintas maneras de aprender. Hay niños que son visuales, necesitan ver las cosas para entenderlas. Otros aprenden mejor a través de la audición, y otros mediante el tacto. Para un buen rendimiento es muy importante saber de qué manera aprende tu hijo, sino no sirve de nada”.

Lobos afirma que para lograr un buen rendimiento es necesario mostrar los estudios como algo positivo, y no como una imposición que siempre trae consecuencias negativas. “No es bueno hablar de castigos y privaciones si el niño tiene malas notas. Es mejor hablar de sanciones. Tampoco resulta privarlos de televisión, por ejemplo, por 3 meses, porque la verdad es que uno nunca cumple los tres meses. Lo mejor es dar sanciones cortas y cumplirlas y siempre explicarles a ellos el porqué de la medida, cuáles son las conductas y sus consecuencias. Nunca imponer porque eso trae reacciones negativas y muchos se revelan”, recomienda la académica.

Así, el consejo es a reforzar los hábitos de estudio y mostrar siempre que los resultados permitirán obtener cosas positivas. Para Lobos lo mejor es acostumbrar a los pequeños a repasar las asignaturas cada día unos 30 minutos diarios, pues está comprobado que si lo aprendido se vuelve a estudiar antes de 24 horas la capacidad de retención es mayor. De esta manera, es bueno explicarles a los niños que con este método deberán estudiar menos al momento de una prueba pues recordarán gran parte de la materia gracias al repaso diario.

Un sistema de puntaje también es positivo. “Es bueno que los niños vean que con su desempeño obtienen recompensas. Por ejemplo, se puede trabajar bajo puntajes que se otorgan por cada azul que obtienen en la escuela. Esto permite que junten puntos y poderlos canjear, a fin de año, por el juguete que ellos están pidiendo, o por helados los fines de semana”, aconseja Lobos.

Urrutia también apoya este sistema, y propone “incentivar a los niños. Esa es la clave. Entregarles a los niños cosas que no necesariamente sean materiales: salir con ellos, dedicarles tiempo, premiarlos con tiempo o cariño. Hacer que cada cosa que ellos van logrando les genere un estado de tranquilidad y placer, que no tiene que ver con que les compren el último videojuego de moda. Incentivar es la clave”.

Al ser consultada, Lobos asegura que en los niños de primer ciclo escolar (1º a 4º básico) “las clases particulares pueden servir, pero sin duda lo mejor es reforzar los hábitos de estudios porque estos sirven para toda la vida y es el mejor proyector para el ámbito académico”.

Adolescentes y Notas

Quitar la televisión, los videojuegos o premiar con helados y tiempo en familia puede dar resultados en los más pequeños. Pero ¿qué hacer para que un adolescente mejore sus notas?

La psicopedagoga de Fun Work asegura que, contrario a lo que se piensa, los más grandes son “mucho más receptivos a las medidas psicopedagógicas porque vienen mucho más dañados emocionalmente”.

Según Urrutia, el mal rendimiento se debe porque generalmente no tienen hábitos de estudios o son muy malos “y cuando uno les explica ellos reaccionan muy bien, porque entienden que esto les ayuda y están dispuestos a cambiar sus actitudes porque saben que como están, están mal”, afirma.

Las sanciones también funcionan con ellos “y es mucho más fácil, porque se les priva de ir a fiestas o de Facebook, que a ellos les encanta y que son sus motivaciones”, asegura la especialista. Para ella, motivarlos también es importante. “Uno los ve grandes, pero reaccionan muy bien al cariño, a un abrazo, salir con ellos a tomar algo”.

Lograr este tipo de cambios también pasa por el compromiso de los padres. En el Centro de Aprendizaje Fun Work existen talleres enfocados a ellos con la idea de entregarles herramientas para que puedan conocer a sus hijos “y sepan cómo incentivarlos, cómo motivarlos y qué palabras decirles. La idea es que los jóvenes cambien su conducta a una más positiva, y los padres son esenciales en este proceso”, explica Urrutia.

Un buen trabajo asegura buenos resultados. Para ello es necesario hacer una evaluación y luego establecer un plan de acción que refuerce habilidades, establezca estrategias de estudio y los motive.

“Yo no creo en eso que alguien es negado para algo. Sí estoy convencida que hay distintas maneras de aprender y eso sí te puede marcar: si el adolescente aprende de una manera pero en el colegio le enseñan de otra, obviamente le va a costar el triple aprender y eso desmotiva, y hace que uno se bloquee y sea “negado” para algo. Porque todos tenemos la misma capacidad cerebral”, asevera la experta.

A Un Paso de la PSU

Quedan pocos meses para que varios jóvenes se jueguen su suerte en la temible PSU. Según datos de 2007, de los 211 mil estudiantes rindieron la prueba y de ellos, sólo 227 fueron puntajes nacionales. Sin embargo, más de 69 mil alumnos obtuvieron menos de 450 puntos, la cantidad mínima exigida para postular a las universidades miembros del Consejo de Rectores e incluso, menos del puntaje exigido por algunas instituciones privadas.

Para los que no quieren estar dentro de esa cifra la esperanza son los llamados preuniversitarios. Los hay presenciales, on-line, gratuitos y pagados, Y la última opción: los intensivos.

Un año lleno de presiones, donde los jóvenes deben pensar en sacar cuarto medio, mejorar en algo las notas o mantener un promedio, decidir qué y dónde estudiar en un abanico- cada día- más amplio de posibilidades y lidiar con las expectativas propias y de los padres.

Si es apropiado o recomendable hacer un preuniversitario varía en cada caso. La Coordinadora del Preuniversitario Virtual de la U. Andrés Bello, Josefina Guerra, aclara que “es difícil establecer una regla general porque depende de las capacidades de estudio, de los hábitos y el compromiso que cada estudiante tiene con la PSU. Si está en 4º tiene que compatibilizar la exigencia de los estudios y el preuniversitario, por lo que también depende de cuál es su rendimiento escolar porque lo principal es aprobar el año”.

Guerra asegura que es una decisión que se debe tomar a conciencia en familia, pero principalmente, por el estudiante. “Lo primero es tener claro que la PSU no se puede improvisar porque requiere de una preparación sistemática. Si quieren tomar un preuniversitario como salvavidas para superar en poco tiempo los vacíos o carencias va a tener que hacer un esfuerzo casi sobrehumano, y si no es muy buen alumno es muy difícil que haga ese esfuerzo”.

Para quienes decidan jugarse la última carta, lo mejor es tomar un preuniversitario a lo largo del año que significa menos exigencia. Pero si la posibilidad no estuvo o si el apremio llegó ahora, la recomendación es hacer un real compromiso personal.

Independiente de la alternativa que se elija, los resultados dependerán de cada persona. Son una buena instancia para prepararse y repasar o reforzar conocimientos, siempre que sea una decisión del alumno, más que de los padres.

“Mi recomendación es que los padres deben estar atento a ellos mismos. Cada padre sabe qué espera de sus hijos pero hay una gran diferencia entre lo que ellos vivieron, los que ellos viven y lo que quieren que su hijo viva”, añade Urrutia.

Fuente: Natalie Huerta, www.chile.com

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